lunes, 14 de junio de 2010

M0NAGU1LL0 HEREJE

Cada vez que tocaba la campanita en misa, le daba por soltarse a gritar "LA BASURA!!"

domingo, 23 de mayo de 2010

MEREC1D0 H0MENAJE A LA ANT1C1PAC10N

Más que el regalo, nos gusta la anticipación.
Ese momento en el que estamos todavía sorprendidos por escuchar un "mira lo que te traje" es suficiente para soportar hasta "Las Mañanitas" de Pedro Infante.
Para soportar el Día de las Madres (o del Padre, o del Compadre) completito, con ceremonia escolar y todo.
Para soportar la envoltura ruidosa y los catorce rectangulitos de cinta adhesiva que la mantienen apretada contra la pesada y rasposa caja, que a su vez tiene diez pedacitos más que tan sólo sirven para evitar llegar al tercer nivel, el del papel de china que tiene otros 5.
Todo, porque tu abuela te pidió que no lo rompieras porque "está bien bonito". Seguramente será usado de nuevo tantas veces sin romperse que podrá ser considerado como uno de los materiales más resistentes de la tierra por nuestra descendencia. Me imagino un encabezado como "Científicos descubren el plaxmatenafibratonioxeno, un material más resitente que el titanio o el envoltonio".
Es esa anticipación, esa sensación de ser capaz de adivinar lo que hay dentro es lo que hace que los regalos valgan la pena.
Ese riesgo a que el destino decida hacernos una mala jugada y contra todas las leyes de la probabilidad, dentro haya algo que ya tenemos. O peor aún, que no nos gusta. Algo que incluso podría terminar en manos de alguien más después de una ceremonia parecida, siendo tú quien se lo regale, porque se te olvidó conseguir algo más bonito.
Ese miedo a ser grosero con quien tuvo el amable, pero irresponsable, gesto de pensar en nosotros y traernos "un detallito".
La memorización exprés del guión que sacará nuestra mejor interpretación, a la María Rojo, de alguien riendo cuando debería estar llorando.
Quienes vieron "Crónica de un Desayuno" no me dejarán mentir.
Esa emoción de que pueda llegar a ser eso que nos gustó en la tienda hace unos días, pero nos pareció muy caro.
Esa emoción de que sea algo en lo que jamás hubieramos pensado, pero está increíble.
Pero es la anticipación la que al final de cuentas hace que podamos decir "me gustan los regalos", a cualquier edad.

A la anticipación, uno de esos héroes desconocidos.

martes, 20 de abril de 2010

ENC0NTRARLE EL SENT1D0 A LAS C0SAS

Respire Profundo...
Relájese...
Exhale.
Ahora
Intente decir la palabra "Angangueo" sin pensar en algún ingenioso chiste de gangosos.
Gracias

lunes, 19 de abril de 2010

N0T1C1A

En el encabezado se leía "Cuatro muertos en tiroteo afuera del hospital". Sin pensarlo dos veces, tomé apurado el diario y le pagué al voceador. Ni siquiera noté que la pinza de madera seguía apretando más de la mitad de las páginas del rotativo, hasta un par de minutos después.
Me llevé una gran decepción al leer la nota completa. Tanto así, que tuve que leerla varias veces.
De forma extensa y detallada, recreaban los hechos: La hora, el lugar, la edad de las víctimas y el victimario, el calibre del arma homicida. Inclusive aclaran que las víctimas sólo fueron tres, pero que el cobarde tirador se disparó a sí mismo en la sien izquierda antes de que llegaran las autoridades.
Se exponen teorías sobre los motivos del agresor, sobre la culpabilidad o inocencia de los agredidos. El texto incluye reacciones de varios transeúntes, de familiares cercanos de los acribillados a tiros, de familiares lejanos del asesino/suicida y por extrañas razones, hasta del velador de la fábrica de armas, quien se limitó a decir "Yo nada más trabajo aquí, pero pues lo que hizo ese muchacho sí estuvo mal..."; supongo fue lo mejor que pudieron conseguir en tan corto tiempo. El periodismo es toda una carrera. Pero lo que generó mi decepción no fue la falta de detalles, sino de información. Nunca he estado ni siquiera cerca del hospital y siento que vivo enfrente. Podría dibujarlo ahora mismo y apuesto que sería una reproducción más acertada que los bocetos del arquitecto.
Así de bien creo que describieron el exterior.
Pero olvidaron lo importante. ¿Qué más da la muerte de cuatro cuando hay miles luchando contra historias más interesantes a unos cuantos metros?

domingo, 18 de abril de 2010

R1MAS ENTRE R10S

Como por obra de la casualidad recordé hace unos días lo mucho que me gusta la banda argentina "Entre Ríos".
Oriundos de Buenos Aires y encontrando la base de su sonido en Sebastián Carreras y Gabriel Lucena, esta banda de "electro-pop indie" (me caga etiquetar por género a las bandas, no lo hago ni en mi aipod) puede ser uno de los proyectos más interesantes de la escena latinoamericana. Siguen haciendo discos e inclusive han publicado varios sencillos (sencishitos, que son argentinos) para descargar gratis en los últimos meses, pero sigo siendo fiel creyente que su primer disco, atinadamente llamado "Idioma Suave", es su trabajo mejor logrado. Probablemente esto se deba a que durante la primera etapa de la banda su vocalista era la talentosísima Isol, que si no conocen por Entre Ríos, tal vez la reconozcan por sus trabajos ilustrando (e incluso escribiendo en algunos casos) cuentos infantiles.
"Idioma Suave" es de esos discos que te atrapan a la primera y desde el principio; basta escuchar "Rimas" el cortísimo primer track para comprobarlo. La letra de esta canción está basada en un fragmento del poema "Rimas" del nicaragüense "Padre del Modernismo" Rubén Darío. El cabalístico décimo tercero:

    RIMA - XIII

—Allá está la cumbre.
—¿Qué miras? —Un astro.
—¿Me amas? —¡Te adoro!
—¿Subimos? —¡Subamos!

—¿Qué ves? —Una aurora
fugitiva y pálida.
—¿Qué sientes? —Anhelo.
—Ésa es la esperanza.

—¡Qué alientos de vida!
¡Qué fuegos de sol!
¡Qué luz tan radiante!
—¡Ese es el amor!

—¿Qué ves a tus plantas?
—Un profundo abismo.
—¿Tiemblas? —Tengo miedo...
—¡Ese es el olvido!

Pero no tiembles ni temas:
bajo el sacro cielo azul,
para el que ama no hay abismos,
porque tiene alas de luz.

Rubén Darío


Y esta es la rola:



Nota: Disculpen tanta jotería y recuerden que este blogcito cotorrón también es cultura. Digo, pa que tengan de qué platicar mientras se tragan la charola de Ferrero Rocher en las cenas con el embajador.